Pequeños poemas para momentos de vulnerabilidad y de paz.
Por tema
11 de 11 poemas
Enfermería - Humor - Poesía
El humor en la poesía,
si extravagante parece,
es más difícil a veces,
hacerlo en la enfermería.
Trabajar en la salud,
no es cuento, ni una novela,
por eso a nadie desvela,
que el humor sea su virtud.
El absurdo, la ironía
la incongruencia y la sorpresa
no le quitarán destreza,
al quehacer de enfermería.
Podrás, quizá, interpretar
como falta de respeto
ver reír, algún sujeto
que te venga a medicar.
Pero el amor por la gente,
cómo es real su alegría,
es magia, es sabiduría,
es palpable y es latente.
Soy lo que he elegido ser,
o así lo he creído hasta hoy.
Antes de nacer, esperan que seas igual
a la fantaseada imagen que atesoran.
Te nombran, antes de llegar al mundo,
no opinas en esa elección, que te identifica,
y es para toda la vida: Tu nombre.
¿Y si tuviéramos nombres temporales,
con potestad para cambiarlos?
Elegir como llamarnos
al tener uso de razón; pero claro,
quién puede realmente saber,
cuando uno tiene uso de razón.
Mejor entonces,
que alguien se haga cargo
de darnos nombre, no sea que
os quedemos innombrados.
Soy lo que he elegido ser,
después de haber cambiado,
como pude, lo que esperaban que fuera.
Y así voy construyendo mi “Soy”.
Aceptando, amando mi niña interior.
Es “ella” la que nutre mi alegría.
Tropezar, saborear el desacierto,
gozar del aprendizaje.
Hay que trazar todo pesar en la arena,
bien en la orilla, así las olas lo remolcan.
¿Acaso vinimos al mundo a sufrir?,
debemos disfrutar el universo que nos abra nos abraza.
Nadie trajo un texto explicativo,
piloteamos como podemos la nave.
Pero recuerda, vamos a morir.
Así que anímate y sé feliz.
Tu figura sugiere libertad.
La hazaña de poder volar
es magia misteriosa que te eleva.
Como si flotaras, desvergonzado,
vuelas hacia lo alto, emancipado,
solo el cielo índigo será tu jaula.
¿Quién te enseñó a cantar así,
en tan suave y armónica entonación?
Como una partitura escrita para Ti,
con un instrumento templado para Ti.
Tu afinar es un enorme sinsentido,
un extraño misterio del universo.
Muchos te vemos con admiración,
eres lección de vida y de tesón.
Construyes tu nido en constante aleteo
con gran precisión y sutileza;
con tu pico dotado por la naturaleza,
de ternura, sencillez y fuerza
El viento te acaricia, nada te detiene.
Aparentas fragilidad, muestras fortaleza.
Eres la tristeza de una despedida,
cuando silencias tu canto por las noches.
Alegras las mañanas con tu arrullo,
tarareando y augurando el nuevo día.
Esencia de mi sombra,
te escurres silenciosa,
en las horas soleadas,
de mis atardeceres.
Creces y te agigantas
gestando oscuridades.
A veces me sosiegas,
a veces me sofocas.
Dejándome en silencio,
intentando expresar
eso que me provocas.
Esencia de mi sombra,
que no me dejas sola.
Custodiando secretos,
vigilando mis miedos,
protegiendo los sueños,
restaurando recuerdos...
de esos que a veces duelen.
Mas cuando te retiras
con total sutileza,
brota mi inspiración,
bálsamo de tristeza.
Esencia de mi sombra,
soy tú misma, te abrazo.
Cicatrizan mis llagas
que atesoro tenerlas,
desechando rencores
perdonándome en ellas.
Luz y sombra se juntan
en un baile armonioso,
la danza de la vida
en este mundo extraño,
misterioso y hermoso.
Esencia de mi sombra,
dejémonos llevar
hasta ese espacio mágico
con aire, tierra, fuego,
agua, madera, arcilla,
que den explicación
a toda maravilla.
Disfrutemos el día,
todo y cada segundo.
Escribamos poesía
para salvar el mundo.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 10 – Pág. 106.
I
La vida es un juego de ajedrez,
con sus cautelosos movimientos,
Tiento ser, estar, con fundamento;
ansío vencer la estupidez.
Cada envite alega de coraje;
según lo decido, gano, pierdo,
y de la ocasión siempre concuerdo;
sin queja, ver solo aprendizaje.
Somos como el rey, cuando triunfantes.
En control, seguros, arrogantes,
superamos fases importantes.
O somos peón, cual derrotero;
igual el futuro, blanco y negro;
andamos despacio aquel tablero.
Y nos encontró gozando, el amanecer furtivo;
al horizonte mirando taciturnos, pensativos.
El sol asomaba fiel, y aquella brisa amorosa,
nos fue besando la piel rubicunda y sudorosa.
Somos poesía pura cuando estamos abrazados,
y el tiempo que nos censura, absorto, paralizado.
Una tarea de arte única sin copia ni imitación,
cautivada por su música, y con mucha cohesión.
La desnudez nos vulnera de una manera trivial,
pero también nos libera de la atadura social.
Los cuerpos desarropados, las pieles desabrigadas,
huellas de amores pasados, charlando despreocupadas.
Desnudamos las conciencias para encontrar parecido,
suavizando diferencias, pues así lo hemos querido.
Querer seguir encontrando recurrentes coincidencias,
para seguir desnudando nuestra profunda inocencia.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 7 – Pág. 71.
La noche despejada y nacarada,
custodiaba enigmático misterio.
Confusa y por el llanto dominada,
a la luna observó con gesto serio.
Se habían prodigado tanto aprecio,
compartiendo con gozo tanta risa.
Su amistad se lesionó, ese fue el precio,
y la complicidad se fue con prisa.
Sus ojos, que, mirándose sin verse,
se fueron a mirar otras miradas;
otra contemplación donde perderse.
Quizá nunca dejaron de quererse,
continuando por vidas separadas,
vencidos por el miedo de atreverse.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 16 – Pág. 159.
Sus lágrimas me conmovieron.
Me senté frente a ella y me quedé en silencio.
En momentos así, sólo eso puedes hacer.
Nada de lo que digas servirá de consuelo,
Seguir con la tarea sería inapropiado.
Lo que faltaba por hacer, se haría después.
Nada era más importante.
Así que, sin saber cuánto tiempo pasó,
me quedé a su lado, tomándole la mano.
Horas después, me fui camino a casa.
Entonces una fuente me llamó con su canto.
Un cántaro en el centro vertía agua en ella.
Las algas ondulantes, golpeaban entre sí.
Me acerqué a ver los peces, cómo iban y venían.
Me senté en una banca, a contemplar el día,
el sol aún calentaba, pero no vio venir
aquella nube negra, que llegó apresurada,
dispuesta a terminar la apacible quietud.
De pronto, rugió un trueno, uno más, muchos más,
y la lluvia copiosa no se hizo esperar.
La gente apresurada optó por refugiarse,
pero yo quedé inmóvil bajo aquel aguacero,
un poco mitigando eso que había vivido.
Con el rostro mojado, aproveché a llorar,
aún no lo había hecho, dejé salir mi enojo.
Lloré por aquel niño, por los niños que sufren,
nadie lo notó entonces, fundí lágrima y lluvia.
Cuando la muerte gana, hay que recomponerse,
y la mejor manera es llorar, desahogarse.
Mañana es otro día, hay que volver sonriente.
Después caminé lento, por las calles mojadas;
cuando llegué a la casa, todo estaba en silencio,
me desvestí despacio y me metí en la ducha.
Dejé correr el agua, la templé hasta mi agrado,
y a poco fui sintiendo cómo me recorría.
La lluvia persistía, el frío se acentuaba.
La madre entristecida seguiría llorando.
Y yo, sencillamente, disfrutaba el momento
de mi ducha amigable, de mi tiempo conmigo,
de esas pequeñas cosas, que no siempre agradezco.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo Decálogo – Pág. 165.
¿Dónde hallar ganas de continuar,
para arribar hasta esa lejanía?
Y, si puedo llegar, desempacar.
Misterio tan remoto en armonía.
Lo mejor, dicen algunos es andar.
Para otros, aquello es la utopía.
Me acerco, ya casi que la alcanzo.
Como ilusión... yo la definiría.
Se aleja, lo mismo que yo avanzo.
Igual, andar me llena de alegría.
¿Qué haría aquel pintor sin el ocaso?
¿Dónde encontraría la inspiración?
¿Qué le daría estímulo a su brazo,
para plasmar su obra y creación?
¿Se inspiraría en una foto acaso?
El arcoíris en todos sus matices,
ensancha con su luz el firmamento
del cielo, con variados tonos grises,
que luego de la lluvia, en un momento,
nos regala con esmero sus tapices.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 4 – Pág. 44.
A escribir comencé ya no sé cuándo,
siempre sabiendo que lo necesitaba,
Intentándolo el tiempo fue pasando,
la musa sigilosa me acechaba.
Fui cambiando el horario para hacerlo,
ajustado a mi vida cotidiana,
trocado muchas veces sin quererlo,
urgente cuando la musa emana.
Y así se fueron dando mil razones,
encontrándome hoy por hoy en este brete
con el cual me completo de emociones.
No sé si ser poeta se concrete,
el camino me ocupa de ilusiones.
Pasión en persistir me compromete.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 3 – Pág. 34.
En la penumbra del salón,
una mujer abre un libro
como quien abre una herida.
Las letras le susurran mundos
que no le enseñaron a desear.
Lee con el oído atento
al crujido del piso,
temerosa que alguien
se acerque y la descubra,
como si el pensamiento
tuviera que pedir permiso.
Cada palabra es una llave,
cada historia, un espejo
que no encaja en su jaula.
Lee para recordar que existe,
para imaginarse fuera del corsé.
Con voz, con cuerpo, con destino.
Leer para pensar distinto
como un acto de amor propio.
Porque su imaginación
nunca cupo en los márgenes
que le ofrecieron.
Del Libro “Creer para Crear”
Capítulo 5 – Pág. 52.